En el día a día no somos conscientes, pero nuestras mayores preocupaciones giran alrededor de los “TENER”: “si tuviera un jefe menos dictador …”; “si mi hijo fuese más obediente….” “ cuando tenga mi propia casa …”; “si tuviera más tiempo para mí….” y así hasta llenar una lista infinita de cosas que conforman nuestro «círculo de preocupación».

Ahora bien, ¿qué pasa con los “SER”: puedo ser más proactivo, puedo ser más cariñoso, puedo ser más comunicativo, puedo ser más sensato… El foco lo ponemos en nosotros, en nuestra forma de actuar, de ser, y sería lo que llamamos el «círculo de influencia», que hace referencia a los aspectos que SÍ podemos modificar, a nuestra ACTITUD.

Siempre pensamos que el problema está “fuera” –en las circunstancias que nos rodean- y ahí viene el problema, porque le damos el poder de controlarnos.

El enfoque proactivo, es “ser distinto”: si hago las cosas de forma diferente conseguiré resultados diferentes. Consiste en cambiar de dentro hacia fuera.

¿Se puede?
Rotundamente SÍ,
y además conseguiremos provocar un cambio positivo en lo que está fuera.